La Música del Oscar 2001
Este año se caracteriza por el regreso de las bandas sonoras para films de fantasía, aventuras y ciencia ficción.
The Lord of the Rings, Harry Potter and the Sorcerer's stone, Artificial Intelligence, A Beautiful Mind y Monsters, Inc. son las nominadas que compiten por la codiciada estatuilla. Y de alguna manera todas tienen alguna chance. En este artículo especulamos sobre quien ganará, repasamos la lista de los buenos scores que quedaron afuera, y ofrecemos una breve reseña histórica sobre el Oscar musical. 

Por Fernando Pereyra.   

En un año sumamente particular para los Estados Unidos, golpeado el 11 de Setiembre  por un ataque terrorista en el corazón de Manhattan y envuelto todavía en una guerra que cada vez que parece terminar se extiende más, no puede resultarnos extraño que la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood se haya puesto a la altura de las circunstancias, haciéndose eco del espíritu patriótico que envuelve a su país de la manera en que mejor puede hacerlo: con una exaltada reivindicación de la producción propia.

Esta vez, la favorita en la categoría "Mejor Película Extranjera", Amelie, no compite por el Oscar principal ni se ha visto beneficiada con la catarata de nominaciones que, en los años recientes, apuntalaron el éxito de films como Crouching Tiger, Hiden Dragon o The Life is Beautiful. Y si de música se trata, los compositores de Hollywood se han preocupado por mantener al margen del premio a sus colegas de otras latitudes, que desde 1995 a la fecha (con la excepción de James Horner en 1997 y John Corigliano en 1999) venían arrasando en la categoría. En este sentido, cabe recordar los triunfos de artistas como Luis Bacalov (Il Postino), Gabrield Yared (The English Patient), Nicola Piovani (The Life is Beautiful) y Tan Dun (Crouching Tiger, Hiden Dragon). De todas formas, no es esta la primera vez que el Oscar navega en aguas caprichosas: a lo largo de su historia pueden rastrearse modas y tendencias bastante insólitas.

El premio a la música comenzó a entregarse en 1934, y en principio no lo recibía el  compositor sino el jefe del departamento musical de la compañía productora. Así fue como ese año la estatuilla fue a parar a manos de Louis Silvers, aunque la partitura de One Night of Love había sido escrita por Victor Schertzinger y Gus Kahn. Y en 1936 resultó galardonado Leo Forbstein, de la Warner, gracias al magnífico esfuerzo de Erich Wolfgang Korngold para Anthony Adverse. Por suerte, el error fue subsanado a partir de 1937. Otra curiosidad tiene que ver con el hecho de que, en los primeros años, la Academia parecía no tener muy claro que era lo que se estaba evaluando en esta categoría. Entre 1938 y 1940 se premió a la "Mejor partitura" y a la "Mejor partitura original", sin demasiada explicación sobre las diferencias entre ambos apartados. Y en 1941 surge el reconocimiento a la "Mejor adaptación musical", que con algunas ausencias se mantuvo hasta 1984. A pedido de los propios compositores, entre 1995 y 1999 se premió a la Mejor partitura original en drama y a la Mejor partitura original en musical o comedia, luego de que Alan Menken se llevara el Oscar repetidas veces por su trabajo para películas animadas como La sirenita, La Bella y la bestia o Aladino.  


Lee las reseñas de las BSO nominadas al Oscar de este año (con clips de audio completos)










El premio suscitó además varias controversias. Grandes compositores como Bernard Herrmann (Vértigo, Psicosis) o Jerry Goldsmith (Alien, The Omen) sólo obtuvieron el Oscar una vez, y en el caso de Alex North (A Streetcar Named Desire, Spartacus) ninguna, pese a que fue nominado en diecisiete oportunidades. Así mismo, la labor de Michael Gore para el musical Fame derrotó en 1980 nada menos que a dos partituras extraordinarias: la de John Corigliano para Altered States y la de John Williams para The Empire Strickes Back.  Y en 1982 Basil Poledouris ni siquiera obtuvo la  nominación por su descomunal banda sonora para Conan el Bárbaro, como así tampoco Danny Elfman en 1990 por Batman. Más recientemente, el triunfo de James Horner por Titanic o de Stephen Warbeck por Shakespeare apasionado fueron muy discutidos.  

Por otro lado, analizando la lista de nominados y ganadores desde 1934 a la fecha, surgen comportamientos dignos de mención. Demasiadas veces, en una especie de inercia inexplicable, el premio recayó en la película ganadora del Oscar principal. Durante un tiempo, las películas animadas de la Disney resultaron contrincantes imbatibles. Luego se puso de moda marginar a los géneros populares como la ciencia-ficción, el terror o la aventura, otrora con grandes posibilidades. Y en los últimos años, como decíamos al principio, la estatuilla fue a parar a manos de figuras ajenas al mundillo de Hollywood.

Cabe señalar que los propios compositores son en buena medida responsables de estos y otros despropósitos, habida cuenta de que los nominados surgen de una votación realizada sólo entre los miembros de la Academia inscriptos en el área musical. Este año, por ejemplo, muy buenos trabajos que hubiesen merecido una nominación no figuran en la lista, como The Score (Howard Shore), Planets of the Apes (Danny Elfman), Hannibal (Hans Zimmer), o The Mummy Returns (Alan Silvestri). La ausencia de Mouling Rouge (Craig Armstrong) tiene en cambio su explicación, en la medida que el compositor realizó fundamentalmente una tarea de adaptación musical.

En definitiva: el Oscar no es más injusto y arbitrario con respecto a la música que a cualquier otra categoría. Y cabe recordar que el premio se le otorga a la partitura que mejor funciona en el contexto de la película, con lo cual sus cualidades musicales intrínsecas pasan a un segundo plano. Sin embargo, para quien firma estas líneas, pocos momentos televisivos resultan tan estimulantes como esos pocos minutos de la ceremonia de premiación en que la orquesta, antes de que se conozca el ganador, toca esos pequeños fragmentos de las partituras nominadas,. Luego, cuando el sobre se abra, llegará la satisfacción, la contrariedad, acaso la indiferencia. Pero para entonces la magia del cine habrá sido invocada en esos pocos instantes, y quedará la certeza de que al menos en Hollywood, la música siempre tendrá su lugar. Que así sea.

 

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¿Quién ganará el Oscar? ¿Quien debería ganar? Los colaboradores de Cinematracks  analizan las virtudes y las chances de las BSO nominadas en esta edición Nº 74 de los premios más famosos de Hollywood, y dan su veredicto. Eso sí: no nos hacemos responsables por el perjuicio económico de quien, confiando en nuestro criterio, decida arriesgar su dinero en juegos de cualquier clase. A tenerlo en cuenta. 


Fernando Pereyra:

Si algo caracteriza a esta edición de los premios Oscar es la reivindicación de lo norteamericano. Y no hay otro compositor que represente mejor ese espíritu que John Williams. Tal es así que este año la Academia lo eligió para dirigir la orquesta durante la ceremonia de premiación, reemplazando a la tradicional figura de Bill Conti. Su trabajo para la Artificial Intelligence es especialmente bello, íntimo y emotivo, en tanto que con Harry Portter and the Sorcerer's Stone regresó al estilo espectacular de sus mejores épocas. Sin embargo, ninguna de las dos películas pisa fuerte en otras categorías importantes, y la doble nominación le restará votos.

Aunque posee momentos de gran belleza, el trabajo de James Horner para A beautiful mind es quizá demasiado funcional y discreto, amén de que presenta notables similitudes con trabajos previos del compositor, como Bicentennial Man. Pero A beautiful mind es una de las grandes candidatas del año, ya que compite en 8 categorías y tiene muy buenas chances de ganar el premio a la "Mejor película". Si bien recientemente esto no ha sido un factor determinante, es un dato a tener en cuenta.

Aunque tiene dieciséis nominaciones en su haber, la dorada estatuilla le fue esquiva a Randy Newman hasta este momento. Es indudable que merece ganar el Oscar alguna vez, pero Alex North también lo merecía y a la Academia no le importó demasiado: al final, sanjó la cuestión con un premio honorario. A favor de Newman está el hecho de que su música para Monsters, Inc. es ágil y divertida, y que la canción "If I Didn't Have You", del mismo film, también está nominada. No parece gran cosa... pero nunca se sabe.

En cambio, la partitura de Howard Shore para The Lord of the rings: The Fellowship of the Ring es sin duda una de las favoritas del 2001: además de ser una composición de calidad y funcionar muy bien en el contexto de la película, tiene a favor el respaldo de otras 12 nominaciones (incluyendo mejor canción) y el hecho de que la Academia parece haberse reconciliado definitivamente con las bandas sonoras de acción y aventura. Si no prevalece algunos de los criterios comentados anteriormente, debería ganar. Ciertamente, se lo merece.

En lo que hace a la mejor canción, la lucha pareciera centrarse en lo dos pesos pesados del pop-rock: Paul McCartney ("Vanilla Sky", de Vanilla Sky) y Sting ("Until", de Kate & Leopold). "If I Didn't Have You", compuesta por Randy Newman para Monsters, Inc y "There You'll Be", de Diane Warren para Pearl Harbor, están en segundo plano. En todo caso, la sorpresa podría darla la canción de The Lord of the Rings, "May It Be", escrita por Enya, que asoma como favorita en varias encuestas realizadas entre aficionados. Personalmente, es mi favorita también.


Juan Pablo Russeaux:

¿Mejor partitura original? Ganará The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, por ser el film más nominado y con mas chance, además de los atributos de la banda que se escuchan por si solos: una composición original, sinfonismo puro, gran participación de los coros. Será un premio merecido, como también lo sería si el ganador fuese John Williams por A.I., una partitura delicada, intimista y exquisita, que refleja la sensibilidad del film.

Por tener el favor del público y la critica, el premio a la mejor canción será para Sting ("Until", de Kate & Leopold) o Paul McCartney ("Vanilla Sky", de Vanilla Sky). Sin embargo, ya es hora de que gane Randy Newman, y sería muy bueno que lo hiciera en una terna con semejantes competidores, que incluye además la bellísima canción de Enya ("May It Be", de The Lord of the Rings) o a la multipremiada Diane Warren ("There You'll Be", de Pearl Harbor).


Mariano J. Sister:

Con A Beautiful Mind, Horner vuelve a escribir una partitura donde se detectan severos signos de confusión creativa, que se vienen repitiendo desde hace algunos años; es mejor echar un manto de silencio.            Si llegara a ganar sería seguramente por ese sentimiento exacerbado de patrioterismo yanqui que contiene el filme, como ocurriera años atrás con la sobrevalorada Dances with wolves.

Monsters, Inc. vuelve a repetir el fenómeno Disney de hace algunos años, cuando Randy Newman obtuvo la nominación a "Mejor partitura" y "Mejor canción" por Toy Story, pero no lo ganó. Es probable que suceda lo mismo esta vez, aunque si la balanza llegara a inclinarse por este score sería un alivio para la factoría Disney: este año no le han ido bien las cosas.

Artificial Intelligence es una partitura muy interesante, madura y compleja del maestro John Williams, un excelente trabajo de esta etapa post-Schindler´s List. Sin embargo, en Harry Potter and the Sorcerer´s Stone presenta signos de fatiga: con los elementos que jugaba el filme podría haber creado un trabajo más interesante. Su doble candidatura resulta así un tanto holgada. Nadie duda de su elevado profesionalismo, pero Williams ya tiene entre sus manos varias estatuillas mucho más merecidas.

Con The Lord of The Rings (vibrante, imponente, épica, majestuosa y de gran belleza), Howard Shore ha logrado salir airoso de una enorme responsabilidad: describir el fantástico mundo de  J.R.R. Tolkien. Con este soberbio trabajo, Shore demuestra que los grandes conjuntos orquestales le quedan como anillo al dedo. Pocas veces se ha visto en la entrega de los Oscars una partitura tan arrolladora, que haya despertado una aprobación prácticamente unánime. Este sería un premio más que justo.


Iordan R. Stoitchkov:

A diferencia de años anteriores, en esta ocasión los nominados como mejor score original van a dar qué hablar. Ciertamente, cualquiera de los nominados merecería ganarse la tan preciada estatuilla. Sin embargo, siempre hay un favorito. Veamos:

John Williams está nominado nada menos que por dos partituras. Eso está muy bien, ya que significa que todo lo que hizo durante el año pasado es digno de elogios. Pero tal circunstancia hará que los votos se dividan entre una u otra obra. Además, él ya tiene varios Oscars.

James Horner es un candidato que pisa muy fuerte. No olvidemos que a los estadounidenses les encantan los melodramas y el estilo inconfundible del compositor siempre funciona bien en todas sus películas. Quizás éste sea el nominado que puede dar más pelea.

Randy Newman está en todas. Su música para Disney siempre fue elogiada y, en definitiva, es lo que mejor sabe hacer. Pero no se merece ningún premio hasta tanto no deje de cantar de una vez por todas.

Howard Shore es el candidato ideal. Posee una carrera prestigiosa, y el reconocimiento le viene en un momento clave. Trabajó muy duro en su última partitura y sobre todo goza de excelente crítica. Pocos compositores logran satisfacer a los admiradores, a sus colegas y a los críticos a la vez. Definitivamente, mi voto va para él.


Jorge Luis Viera:

Si me dejo llevar por el excluyente criterio comercial de la academia (únicamente modificable por su decisión de otorgar algún Oscar musical como "premio consuelo" caso The Full Monthy) el galardón a la "Mejor partitura original" debería quedar en manos de John Williams, pero por ...¡Harry Portter and the Sorcerer's Stone!. Impresionante "blockbuster" de modesta realización (artísticamente hablando) y muy buen éxito comercial en el que el maestro Williams lamentablemente nos brinda más de lo mismo.

En cambio, de buscarse una seria apuesta por la calidad, el Oscar debería ser para el excelente Howard Shore, ya que su partitura para The Lord Of the Rings consigue regresar, y por un sendero de gloria, a ese sinfonismo que tanto bien le hace al cine contemporáneo y que desgraciadamente tiende a ir perdiéndose. El trabajo de Shore es notable y a esta altura, imprescindible a la hora de enumerar las mejores partituras compuestas especialmente para el cine.

Otro tanto pienso que ocurrirá con el premio a la "Mejor canción". Al igual que el resto de sus trabajos discográficos, el aporte de Enya ("May It Be", para The Lord of the Rings) conserva una calidad irreprochable. Pero la fama y el carisma de Sir Paul McCartney ("Vanilla Sky", de Vanilla Sky) va a redituar mejores dividendos a la ceremonia. No olvidemos además el reciente fallecimiento del ex Beatle George Harrison, a la sazón también productor de cine (Handmade Films).

En los Oscar, fiel reflejo de la industria, las películas son sinónimo de dinero (en publicidad o recaudaciones), no de calidad. Y si alguna vez coinciden... como dicen en las películas: es pura coincidencia.

 

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