El Oscar 2003, en la recta final


La edición 2003 de los premios Oscar se presenta como singular por partida doble: por un lado, coincide con el 75 aniversario de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood; por el otro, se da en el marco de una guerra de insospechadas derivaciones futuras, que conmueve (y afecta) no sólo a Irak y los EEUU sino también al resto del mundo. Y si la  primera de estas dos particularidades prometía un despliegue y espectacularidad que debían  superar con creces al de otros años, no resulta tan fácil augurar como repercutirán los ecos del combate entre las lujosas paredes del Kodak Theatre... si es que la ceremonia finalmente se lleva a cabo (de hecho, el “desfile de estrellas” por la alfombra roja ya fue suspendido). Suponiendo que así sea, y más allá de un reforzado sistema de seguridad, es de esperar que a lo largo de la noche, entre los discursos de presentación y agradecimientos, el enfrentamiento militar se filtre una y otra vez.

Más difícil resulta establecer que consecuencias prácticas habrá tenido, si es que las tuvo, la furiosa ola de neomacartismo desatada por los halcones de la caza blanca y buena parte del periodismo sobre actores, directores, músicos y cualquier otra personalidad de la cultura que se haya manifestado en disconformidad con la invasión a Irak. Que un film como Minority Report (que cuestiona la política de coartar las libertades civiles en favor de la seguridad nacional) haya sido prácticamente ignorado a la hora de las nominaciones... ¿es un síntoma de esta nueva y nefasta realidad o apenas una curiosa coincidencia? Sólo los votantes conocen la repuesta.

Hay que asumirlo: un premio de las características del Oscar, cuya televisación en vivo y en directo se transmite a buena  parte del mundo, obedece no sólo a razones de excelencia técnica y artística sino también de “correción política”, que van desde la reivindicación de las minorías raciales hasta el apoyo a la lucha contra el SIDA  Que tales circunstancias puedan verse reflejadas en una categoría de las consideradas “menores”, como el premio a la “Mejor Partitura Original”, no es tan descabellado como puede suponerse en un principio si se considera, por ejemplo, que al menos uno de los candidatos de este año, Philip Glass, adhirió públicamente a la causa antibélica.

En sintonía con los tiempos que corren, las composiciones nominadas en esta nueva edición de los Oscar presentan como rasgo común una vuelta al drama y la seriedad, en contraste con las propuestas más ligadas a la fantasía y el entretenimiento del año pasado. Esto dejó afuera valiosas partituras que sin duda merecían el reconocimiento de una nominación, entre ellas Signs (James Newton Howard), Minority Report (John Williams), Reign of Fire (Edward Shearmur) y The Time Machine (Klaus Badelt), la mayoría con muy buena repercusión entre los aficionados. En el caso de Two Towers, de Howard Shore (una de las omisiones que causó más sorpresa), la explicación de su ausencia podría hallarse en que, en definitiva, se trata de un trabajo desarrollado fundamentalmente a partir de los materiales creados para la primera parte de la saga. Y en el caso de Attack of the clones, de John Williams, en el hecho de que la película no sólo fue un desastre sino que además George Lucas decidió, para variar, que manipulando la música a su antojo lograría un resultado mejor al concebido por el  compositor, lo cual naturalmente no se verificó en los hechos.  En cualquier caso, la pelea final se definirá entre cinco trabajos que, aunque de lograda factura e innegable talento, no estuvieron entre lo mejor del año con la única excepción de Road to Perdition (Thomas Newman)

Catch if you can es una partitura elegante, intimista y de curiosos aires jazzeros, alejada del sonido grandioso y espectacular que caracteriza las creaciones más conocidas de John Williams. Como se sabe, con 5 Oscars ganados y 41 nominaciones, Williams es prácticamente un abonado al premio y esto demuestra la consideración de sus pares hacia la  inobjetable calidad de su trabajo. Sin embargo, con respecto a las posibilidades concretas de Catch if you can en esta categoría, cabe señalar que el filme sólo consiguió dos nominaciones (la otra fue para Christopher Walken como actor de reparto) y eso le juega en contra. Williams cuenta de todos modos con un as oculto en la manga: las memorables canciones que también forman parte de la banda sonora podrían seducir a los votantes despistados.

Nominado al Oscar en varias oportunidades y ganador de la estatuilla en 1967 por su partitura original para el filme Thorounghly modern Millie, Elmer Bernstein es una verdadera leyenda viviente de la música de cine. Una película ambientada en los años 50 como Far from heaven le brindó la posibilidad de revisitar un idioma musical muy de moda en los comienzos de su carrera, pero que hoy ha caído en desuso. Se trata de una partitura clásica y sentimental, a la vieja usanza, que gozó de muy buena aceptación entre el público y la crítica especializada. Y aunque viene de sufrir una derrota en los Golde Globe, sus chances no son del todo malas.

Por el contrario, Elliot Goldenthal llega al Oscar con grandes expectativas, impulsadas por su triunfo en los Golden Globe. La pintoresca banda sonora que compuso para Frida, a partir de ritmos y melodías del folklore mexicano, es además el tipo de partitura exótica pero accesible que suele gustar entre los miembros de la academia. Y pese a ser un fracaso comercial, la película se alzó con otras cinco nominaciones, incluyendo “Mejor Canción” ("Burn It Blue", de Elliot Goldenthal y Julie Taymor). Indudablemente cuenta con altas posibilidades de ganar, y el premio representaría un merecido tributo a la obra de este talentoso creador de bandas sonoras.

Las nueve nominaciones alcanzadas por Las horas, sumadas a la extensa trayectoria de Philip Glass más allá del mundillo de Hollywood, perfilan a esta banda sonora de un minimalismo romántico y melancólico como la favorita. Uno de los más famosos (aunque controvertidos) compositores norteamericanos en el campo de la música de concierto, Glass cuenta así con doble chance para llevarse a su casa el Oscar que se le escapó en 1997, cuando su partitura para Kundun resultó vencida por la de James Horner para Titanic. Si su posición con respecto a la guerra influyó o no entre los miembros de la Academia a la hora de la votación final, es algo que difícilmente vaya a saberse.   

 

Thomas Newman es otro de los candidatos que ha estado cerca de ganar en Oscar en varias oportunidades. Su música para Road to Perdition presenta los rasgos típicos de su estilo: extravagantes formaciones instrumentales, melancólicos solos de piano, música electroacústica y cierto coqueteo con la “New Age” y la música folklórica irlandesa. Tiene a favor que es una de las mejores partituras del año, y si bien el filme no logró colarse en las categorías más importantes cosechó al menos otras cinco nominaciones. A juicio de quien firma estas líneas, es quien más se merece el premio si se consideran estrictamente las virtudes del trabajo nominado.

 

En cualquier caso, está claro que la noche del Oscar se vislumbra llena de incógnitas mucho más importantes y complejas que saber quienes serán los ganadores de esta y otras categorías.

 

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