CARLES
CASES: EL ARTISTA INTEGRAL
por Oriol Pérez i Treviño
(entrevista tomada por Iordan Stoitchkov)
Durante
el pasado mes de Mayo, en la capital búlgara Sofia, tuvo lugar la XIV
Semana del Cine Español e Iberoamericano. A su término, el Instituto
Cervantes realizó una mesa redonda muy especial, titulada "El
secreto de una banda sonora", en la que estuvieron
invitados a participar especialistas búlgaros y uno de los compositores
de referencia obligatoria en el campo del cine español: Carles
Cases. Nacido en Sallent (Barcelona) en 1958, estudió en el
Concervatorio Superior de Música de Barcelona, armonía y jazz en la
Academia de Música Contemporánea de Hastad (Noruega) y orquestación y
composición en el Instituto Superior de Arte de La Habana (Cuba). Podría
decirse que en estos momentos es uno de los compositores más apreciados
y buscados en el panorama filmográfico europeo.
La mesa redonda fue única en su especie, por ser la primera a
realizarse en este país con un nivel de participantes de tanto
reconocimiento. Debido a ocupaciones de último momento, Carles Cases no
pudo asistir personalmente al evento, pero en su lugar pudimos escuchar
las palabras y apreciaciones de Oriol Pérez i Treviño, musicólogo
especialista y asistente personal del compositor. Cinematracks
tuvo el placer de asistir al grandioso evento y de realizarle la
siguiente entrevista, en la que se habla del importante trabajo de
Carles Cases, su vida, su obra y algunas cosas más…
UN PERSONAJE CURIOSO
Primero que todo, Carles Cases es un personaje curioso. Curioso, porque
empieza con una formación que en ningún momento parece que esa formación
haya de desbocar hacia la creación en el cine. Pero por otra parte,
siempre había dicho desde pequeño: “yo voy hacer bandas
sonoras”. Es verdad que la formación musical en España ha
cambiado muchísimo, que él se podría haber planteado justamente ir a
aprender el oficio del score films, pero no quiso esto. Es decir
que él vio, posiblemente, en la música del cine no tanto una manera de
someterse a los cánones o a las voluntades de un director, sino una
manera de hacer su música y que esa música propia pudiera acompañar a
una banda sonora.
Carles Cases empieza trabajando muy duro. Su padre muere joven y él se
va a trabajar a una empresa de llantas de coches. Luego de estar ocho
horas trabajando, salía de allí a tocar el cello. Cuando en un momento
dado, Carles va a parar con Luis Llach y es cuando empieza algo
importante. Es verdad que Carles ya había realizado algunos proyectos
de jazz, pero fue sobre todo a través de Luis Llach que salta a la
escena y al panorama musical, sobre todo catalán. Carles Cases
orquestaba canciones de Llach y todos se quedaron admirados con la
facilidad que tiene por el mundo de la orquestación. Sucede que en un
momento Llach empieza a ser un fenómeno que va más allá del mundo de
la canción y le encargan hacer la música de una película, llamada El
Río que nos
lleva. De esta forma, Carles Cases, como
orquestador, encuentra y conoce lo que es el mundo del cine, hace
diecisiete años.
La primera película que Carles Cases hace en solitario es Habanera.
A partir de aquí, tiene la oportunidad de hacer su camino como gran músico
que es. Habanera es una primera puerta de presentación,
que le permite entrar luego en el mundo del director Gonzalo Suárez. En
el caso de Mi Nombre Es Sombra sucede que es una película
que cristaliza esa forma tan peculiar de Carles de trabajar con el cine.
Es decir que él hace una obra y esa obra acompaña al film, basándose
en una intuición artística que acaba definiendo justamente todo el
mundo de la película y aquella manera de verla que busca el director.
Sucede que Gonzalo Suárez es un intelectual, es un escritor y se ha
quedado impresionado también por la versatilidad de Carles Cases. Un
autor con una formación hecha principalmente en Cataluña, pero que rápidamente
introduce conceptos aprendidos tanto en Cuba, como en Noruega, donde hay
todo un jazz muy experimental y vanguardista. Mi Nombre Es Sombra es
una obra neo-romántica en la que el argumento gira alrededor de una
persona que es una de noche y otra de día. Su banda sonora es una de
las obras preferidas de su compositor, porque es como un hijo primogénito,
del que ha salido todo una cosa posterior.
Carles tiene una facilidad: que en el momento que ha de sobrevolar una
cosa, de los trucos hace las suyas y las hace a su manera. Con lo cual
es maravilloso que un artista sepa mezclar, por ejemplo, conceptos de la
orquesta de Stravinsky con conocimientos del jazz vanguardista. Y eso se
lo debe principalmente a su talento. Un talento que le supura por todas
partes. Precisamente por eso es que Carles Cases goza también del
respeto de otros colegas compositores, como Bingen Mendizábal o Ángel
Illarramendi. Es que el mundo de la música de cine española es tan
pequeño, que pasa como los toreros, se conocen todos. Si bien todos
hacen bandas sonoras, hay un respeto y un coleguismo entre ellos, porque
respetan el trabajo que hace cada uno.

SU
METODO DE TRABAJO
Progresivamente Carles Cases ha despertado el interés, porque por medio
de sus otros proyectos creativos, como Morphing, ha
demostrado que es un compositor que está creando música para el cine,
pero que también tiene un lenguaje de nuestro tiempo. Cada proyecto es
un mundo. En ese sentido varía su método de trabajo, que no es única
y exclusivamente el mismo para las bandas sonoras y para los proyectos
de música en directo.
Por ejemplo, en el caso de las películas de Ventura Pons, como hay una
relación artística entre el director y el compositor (de la misma
manera como podría haber sido Fellini/Rota o Hitchkock/Herrmann) en el
momento en el que termina una banda sonora, Pons ya le explica a Cases
de lo que irá la otra. Es mediante esa forma, como de entre amigos, lo
que empieza a suscitar por dónde irá en la próxima. Muchas veces, según
el tema de conversación sobre en lo que girará el argumento dramático
y narrativo de la película, es cuando Carles dirá algo como: “pues,
aquí haremos jazz”. Y a partir de aquí empieza todo como una
especie de intuición. En el caso de la película Caricies,
pasaba todo como si fuera una noche en una especie de historia de carácter
giratorio y la música evidentemente buscaba un lenguaje muy desbocado.
Asimismo, en la película Amic/Amat se sentía más un espíritu,
porque la música está compuesta en un estilo neo-barroco. A Carles se
le ocurrió utilizar este estilo en un drama contemporáneo, porque lo
pone dentro del cine en un contexto estético. Esta es una forma de
trabajar, aunque evidentemente no todos los directores buscan lo mismo.
Luego Carles hizo la música de Ave Maria, una película
del director mejicano Eduardo Rossoff, que le significó la entrada al
mundo americano. Aquello era una película histórica, de una monja que
se hizo con los nativos y que la pobre la terminan quemando. O sea, un
drama que necesitó de unos colores instrumentales bien de la época y
Carles hizo una música más o menos del neo-renacimiento, con coros,
pero a su manera. Así a veces la base es el guión, que luego de un diálogo
con el director, que a medida que se va desarrollando se va perfilando
la base de lo que se busca.
Cuando Carles Cases hizo la música de la película El Año Del Diluvio,
en el trasfondo lo que buscó provocar, más que la materia
cinematográfica, las necesidades de las imágenes, o de la trama, fue
sobre todo el concepto. Lograr una adscripción lingüística (es decir
de lenguaje musical) respecto a lo que se va tratar en el film.
Obviamente, aparte de lo que se va tratar, o sea de lo que sería la
historia convencional, también hay distintos tipos de lenguaje musical
que se quiere hacer. O sea que básicamente sería un proceso creativo y
no tan técnico, por llamarlo de alguna manera.
Por otro lado, sucede que hoy en día hay un cine que a veces llamamos
“cine del self service”. Un cine que es muy rápido y que
cuando se van con la película dicen: “para la semana que viene
quiero una banda sonora”. Carles ha hecho esto sólo una vez, para
una banda sonora que no está publicada y que se llama Fotos.
Francamente extraordinario, porque se grabó en una noche. La película
es del director canario Héctor Quiroga, una cinta muy surrealista y la
música es a base de órgano y violín, que le suscitó todo ese mundo
surrealista necesario.
Hay otro caso muy peculiar, que es el proyecto de la película Darkness,
dirigida por Jaume Balagueró. Peculiar porque, quizás, esta banda
sonora se aleja un poco de lo que es el verdadero Carles Cases. Si más
no, ya desde el comienzo era una película en la que él no encontró
esta comodidad de artista, porque le exigieron un estilo que no le es
tan propio. Estamos hablando de una diferencia generacional, de gente de
la industria que van con un patrón y quiere imponérselo al compositor.
Es un patrón ya pensado por sobre todo, casi calculando las emociones
que el público tendrá. Se trata de crear un producto para que guste a
un público de una línea perfectamente comercial. Si vamos a hablar de
sintaxis cinematográfica, son películas con una intención de
sorprender, con situaciones concretas de corte psicológico y con músicas
que buscan eso. En el caso de Darkness, era el proyecto
destinado a la gran industria. Creo que ya quedó claro que a nivel
humano Balagueró y Cases no eran coincidentes. Se encontraron,
trabajaron juntos y ya está. Pero no entran juntos al mismo mundo artístico.
Aún así, Darkness es una de las bandas sonoras más
impactantes que ha creado Carles Cases, en cuanto a lo logrado del color
orquestal.
Esto último también lo podemos decir sobre Le Grand Batre,
una serie de televisión, una especie de cronología familiar en la
Francia de época, donde allí sí hay un compendio de la música
orquestal desde el Romanticismo hasta Shostakovich, en el cual se logró
una partitura muy interesante y detallada. De hecho, es más, en una de
las últimas películas en las que trabajó Carles, nos referimos a Camarón,
en la escena final hay un fragmento largo con cello y orquesta, y parte
de aquella misma música se había utilizado en Le Grand Batre. Esa
es, entonces, la otra cara de Carles Cases: el compositor romántico.
Con lo cual depende del director y de la colaboración cómo se encara
cada proyecto y la forma de trabajar.
Carles Cases también es un artista integral. Hace todo en el proceso de
composición de la música, desde la escritura básica hasta la
orquestación. En algún momento habrá pedido colaboración (¡y no
mucha!) por falta de tiempo. Además, le gusta controlar toda la
producción artística y luego la producción ejecutiva. Maneja el
presupuesto y tiene muy en claro que no por eso debe comprometer la
calidad de la obra, contratando malos músicos. Otra cosa que es verdad
es que mientras Carles va componiendo ya está pensando en algún intérprete
que tocará. Y aquí recupera una línea que es de la llamada música clásica.
Es decir que si aquí hace este solo, ya está pensando en algún
músico. Dicho de otra forma, no se trata de bandas sonoras abstractas
para ver quién las tocará, sino pensando muy bien, que si se necesita
un lenguaje más contemporáneo a lo mejor vamos a Polonia, porque allí
este tipo de lenguaje va más. Carles Cases ha grabado con mucha gente,
desde conjuntos como el de Gonzal Comellas, hasta grandes orquestas como
la de Varsovia. A medida que ha ido creciendo, se ha ido interesando en
las orquestas de Europa.

EL
CONFLICTO CON LA COMERCIALIDAD
El desarrollo galopante de la industria del cine se ha convertido en un
entretenimiento comercial, desgraciadamente. Hay muy poco cine hoy que
se eleve a una verdadera dimensión de entrever una reflexión crítica
de las cosas. O es un cine comercial, o es un cine de arte/ensayo
para cuatro benditos, o cuatro freaks (con todo el cariño para
la palabra “freak”). En ese aspecto, hay un conflicto entre arte y
funcionalidad. Sobre todo en lo que es más preocupante: que se están
perdiendo virtudes en el público, que aplaude cada vez más lo que le
echan, sin ningún sentido crítico. Es verdad que el mundo va cada vez
más deprisa, pero el arte necesita una serenidad, una tranquilidad, un
saber dónde se ponen los pies y hacia dónde se va. Sobre todo, saber dónde
está el fundamento. Lo que le pasa a la música en el cine también es
un poco esto.
Primero que hay impostores. Todo el mundo se atreve hacer una banda
sonora. Creo que para poder hacer bien una banda sonora, primero hay que
saber qué es lo que ha habido antes. Ahora con un ordenador y unos
samplers, cualquiera es compositor. Este tipo de gente les va muy bien a
algunos directores, porque son rápidos y hacen lo que quieras. Pero,
claro, así se pierden las dimensiones artísticas. Por ejemplo un
Herrmann o un Maurice Jarre, o toda esa gente de la antigua usanza, eran
primero compositores y luego encontraron su filón a través de la música
de cine. Ahora estamos yendo por un camino más mediocre, más fácil y
si encima es un poco brillante, entonces tranquilo que ya se te pagará.
Pero esto es un síntoma ya no sólo del cine, sino de cómo van todas
las cosas. El tumulto dentro de la industria es básico y hoy en día
basta con tener unas muy buenas relaciones públicas. Pero una persona
que está definiendo su paso por la vida con su obra, no necesita tanto
de esas relaciones públicas, porque ya lo irán a buscar. Cuando eres
compositor, las vivencias salen por algún lado.
Miremos por ejemplo la industria discográfica, que está en crisis. El
disco hoy ya está muerto. Justamente porque desde el momento en el que
puedes colgarte en internet y bajar cualquier cosa, la gente
elige esa opción. Comprarán discos originales solamente un grupo
reducido de coleccionistas y por eso creo que el disco terminará siendo
un poco un objeto de promoción. Desde el punto de vista del músico,
esa será su mejor tarjeta de presentación. Irá a una entrevista y en
vez de anotarte algo, te dará un disco. Lo que pasaba antes era que se
editaba un disco de banda sonora junto a toda la campaña económica que
se hacía para una película. Se creía que al público, después de ver
un film, le interesaba tener la música, porque le había gustado la película,
o lo que fuera. Eso funcionaba antes, porque ese era un proceso enotécnico
en el que escuchando la música se recordaría la película. Ahora una
película se estrena y al cabo de cuatro meses la tienes en DVD, por
tanto la gente en general prefiere comprar el DVD antes que la banda
sonora.
Luego han ido apareciendo unos especimenes, como tú y yo, que les
interesa la banda sonora. Este es un público reducido y lo que pasa es
que las discográficas a nivel internacional prefieren ir por el camino
de la auto-edición. La música de cine está reclamando su espacio
dentro de ese canon. Por eso es que ha habido compositores que
han dicho que dentro del presupuesto que les dan por una banda sonora,
obviamente también hay una parte de dinero que va destinada para hacer
el disco de lo que vamos a grabar. Y en esto Carles Cases se ha puesto
en serio. Porque desengañémonos, no basta sólo con decir que lo haces
muy bien, sino que es básico poder dar la obra.
LOS PROYECTOS FUTUROS
Ya queda claro que el mundo de Carles Cases es un mundo muy variado.
Entre lo que se viene, en primer lugar podemos mencionar la organización
de unos circuitos de conciertos, que realizará con su grupo. El Carles
Cases Strings Band (que consta de 2 violines, viola violoncello,
contrabajo, piano y teclado) tiene un repertorio que está basado íntegramente
en su obra, recurriendo a dos de los géneros más experimentados en su
composición: el minimalista y el post-romántico.
Carles acaba de finalizar la banda sonora para un film argentino
titulado La Velocidad Funda El Olvido, que dirige el
realizador argentino Marcelo Schapces. La sección orquestal fue
interpretada y grabada en la ciudad de Bratislava, para continuar la
grabación de otros instrumentistas solistas en la ciudad de Buenos
Aires.
Lo otro que tiene entre manos es un proyecto sobre Los Intocables.
Lo que Carles ha hecho con este proyecto es muy complejo, porque se
trata primero de hacer la grabación de una música orquestal y luego
encima interpretar música en vivo. Es una idea que en lugar de lanzar
bases rítmicas o electrónicas, o de ambientación, como se hace muchas
veces en la música pop, aquí lanza una banda sonora ya hecha y encima
de eso se interpreta otra cosa en una presentación directa. Se trata de
un espectáculo, con música nueva.
También hay una nueva película de su amigo el director Ventura Pons,
basada en la obra de Ferran Torrent sobre el mundo sub-urbano y que lleva por título Vida
Abismal. El rodaje de dicho film empezó el año pasado y la
grabación de la música está prevista para principios del mes de
Julio.
Por último, Carles está abierto a nuevas oportunidades, a nuevos
grupos e intérpretes, con quienes siempre existen posibilidades para
nuevas ideas estéticas y para integrarlas a una nueva banda sonora. Por
todo lo anterior, Carles Cases, como músico, tiene de tierra suya a
todo lo que experimenta, a todo aquello que crea. Su gran facilidad es
que él la música no la escucha, ¡él la vive!.
Cinematracks
agradece a la dirección del Instituto Cervantes de Sofia por su
apoyo a la música de cine, a Oriol Pérez por dedicarnos su tiempo para
esta larga entrevista y a Carles Cases, por crear esa música que
refleja la concepción del hombre y su paso por el enigma de la vida.