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(1932
- )
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Áridas
llanuras, profundidades del mar, ciudades perdidas en oscuros
rincones de la tierra, o galaxias muy lejanas... No importa el
escenario: en la música de John Williams late la aventura. Con más
de 150 partituras para cine escritas a lo largo de su carrera, más
de veinte nomnaciones al Oscar y 5 estatuillas ganadas, 17 premios
Grammy, 2 premios Emmy, 3 Globos de Oro y 5 BAFTA, se trata de uno
de los compositores de bandas sonoras más importantes de los
Estados Unidos hoy por hoy.
Nacido
en Nueva York, el 8 de Febrero de 1932, estudió piano con Bobby Van
Eps y luego con Rosina Lhévine en Julliard, y tomó clases privadas
de composición bajo la guía de Mario Castelnuovo-Tedesco y el
orquestador Conrad Salinger. Su carrera en Hollywood comenzó como
pianista en la Columbia Pictures y en la 20th Century Fox, donde
trabajó con los más importantes compositores de la época, como
Franz Waxman o Dimitri Tiomkin. Sin embargo, poco a poco comenzó a
recibir sus propios encargos, al principio ligados a la televisión:
La Isla de Gilligan, Perdidos en el Espacio, El Túnel
del Tiempo y Tierra de Gigantes fueron algunas de las
series en las que participó. Su traspaso al cine se produjo durante
los años '60, comenzando como adaptador musical y luego componiendo
para comedias de poca trascendencia. Su primera película importante
llegó en 1969: The Rievers, un western de Mark Ryndell por
el que obtuvo la nominación al Oscar en la categoría Mejor
Partitura Original. Williams se afianzó definitivamente en Hollywood gracias al Oscar obtenido por
Tiburón en 1975, pero la verdadera consagración llegaría dos años después, con su monumental trabajo junto a la Orquesta Sinfónica de Londres para
La Guerra de las Galaxias, que sentó las bases para lo que sería el sonido de Hollywood durante los años '80. Fue además la primera banda sonora en vender más de un millón de copias, y la única en integrarse tan rápido al repertorio de las orquestas tradicionales, en forma de
suite (Zubin Metha, Charles Gerhardt y Varujan Kojian, entre otros, dirigieron y grabaron versiones de
Star Wars). Este éxito, sumado a su larga asociación con el director Steven Spielberg (con quien colaboró en 21 películas, incluyendo
E.T., Los Cazadores del Arca Perdida, La Lista de Schindler, Munich,
etc.), cambió para siempre la vida del compositor, que a partir de entonces pudo elegir cuidadosamente las películas en las que participaría. Los años '90, por ejemplo, le depararon una serie de filmes alejados del gran espectáculo cinematográfico. En efecto, y con la excepción de filmes como
Hook o Jurassic Park, su carrera dio un giro hacia películas de presupuesto importante pero de temática adulta
(JFK, Nacido el 4 de Julio, La Lista de Schindler, Rescatando al Soldado
Ryan), o bien hacia producciones modestas como Stanley e Iris, Sabrina, Rosewood o
Quédate A Mi Lado. Pero Williams supo también involucrarse en proyectos ajenos al cine. En 1980, tras la muerte de Arthur Fieldler, asumió como director estable de la orquesta Boston Pops, puesto que mantuvo hasta 1995 y le ayudó considerablemente a difundir su música. En calidad de director invitado, dio también varios conciertos con orquestas como la Filarmónica de Los Angeles, la Orquesta de Philadelphia y la Sinfónica de Londres, organismo con el que grabó varias de sus bandas
sonoras. En el campo de la composición al margen de su labor cinematográfica, escribió una Sinfonía (estrenada en 1966 por
André Previn), un Ensayo para orquesta de cuerdas, Conciertos para cello (estrenado en 1996 por Yo-Yo Ma), violín, flauta, fagot (comisionado por la New York Philharmonic en celebración de su 150 aniversario), clarinete y trompeta (grabado recientemente por la Orquesta Sinfónica de Londres). También música incidental para eventos como la Olimpiada de Los Angeles de 1984, el centenario de la Estatua de la Libertad, el campeonato mundial de Ski, el 150 Aniversario de la Ciudad de Huston, los Juegos Olímpicos de Atlanta de 1996 y aperturas para las cadenas CBS y NBC. Todas las obras de John Williams se caracterizan por una armonía tradicional, las melodías pegadizas, los ritmos regulares y las orquestaciones suntuosas, estilo que Williams supo cultivar en sus más conocidas bandas de sonido, como en
Superman. Atonalismo, grandes saltos interválicos, combinaciones tímbricas poco usuales y un alto virtuosismo en la escritura son algunas de las sorpresas que depara la audición de trabajos como el Concierto para Flauta, la sinfonietta o el Concierto para Violín. Esta línea vanguardista raras veces se revela en sus trabajos para la pantalla grande, e incluso en aquellas películas donde la música tiende a la experimentación (por ejemplo en
Images o Close Encounters of the Third Kind) siempre se encuentran pasajes tradicionales que de alguna forma sirven de
contrapeso. Además de ser actualmente uno de los compositores de bandas sonoras más populares, John Williams es también uno de los pocos que mantienen la calidad de su producción a un alto nivel. A lo largo de su carrera, orquestadores como Herbert Spencer, Alexander Courage y últimamente John Neufeld le dieron la forma final a sus extensas partituras sinfónicas, aunque misteriosamente rara vez son acreditados en los discos. Su otro gran colaborador es el editor musical Keneth Wannberg, quien lo acompaña desde 1967. |