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Alexander - Por Iordan Stoitchkov |
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Música compuesta por: Sony
Classical
SK 92942 Edición: 2004 Calificación: C C C C 1/2 |
Desde su premiado con el Oscar Charriots of Fire, pasando por el inconfundible Blade Runner, hasta el excepcional 1492: Conquest of Paradise, una cosa ha quedado siempre fiel al legado del artista: su estilo personal. Hasta que ha llegado la hora, de que el reconocido director Oliver Stone juntara fuerzas con el maestro griego, en la última mega-producción del año 2004, Alexander. Y ciertamente ningún otro compositor hubiera podido enriquecer con más originalidad a una cinta de estas magnitudes, como lo ha hecho Vangelis. Como cualquiera de sus CDs, la primera característica que destaca en esta obra, es que la misma está armada específicamente para el álbum. Más que rejuntar segmentos cortos en secuencias cronológicas del film, la música está presentada en la forma de un gran conjunto, que fluye de manera homogénea a lo largo de su desarrollo. Alexander abre con una sublime “Introduction”, que desemboca directamente en “Young Alexander” y luego se transforma rítmicamente en “Titans”. Desde el primer minuto resulta más que interesante la paleta instrumental que Vangelis ha logrado, que va desde una mezcla de notas en sintetizadores, hasta una orquesta completa, pasando por todas las combinaciones posibles de cada extremo. Con “The Drums of Guagamela” los talentos del compositor de desarrollar largas melodías con bases rítmicas, se hacen evidentes. Aquí destacan sobre todo la percusión y los bronces, que Vangelis ha logrado mezclar con sus tradicionales teclados. En el track “One Morning at Pella” es donde Vangelis logra diferenciar su composición orquestal pura. Al inicio del tema simplemente escuchamos un oboe y una arpa, a los que luego se suma la gran orquesta sinfónica. Es quizás a partir de aquí donde el autor logra presentar una banda de sonido más tradicional. Por su parte “Roxane’s Dance” y “Eastern Path” introducen al escucha en un mundo de texturas más complejas, donde los instrumentos exóticos – como la cítara, el duduk y la percusión – nos remontan a las extrañas tierras de hace miles de años. En “Gardens of Delight” Vangelis utiliza una voz solista que se mezcla de manera subliminal con las cuerdas y el arpa. Aquí también deberíamos destacar el excelente trabajo que ha aportado a la obra el experimentado orquestador Nick Raine. “Bagoas’ Dance” es uno de esos cortes con sonoridades únicas. Gongos, campanas y sonidos pseudo-animales se juntan con la percusión, para formar una pieza casi atonal. A su vez la misma se transforma directamente en la pista denominada “The Charge”. Tanto ésta última, como la pista que le sigue – “Preparation” – poseen un especial tono operístico, en lo que a su dramatismo se refiere. A esta altura, Vangelis decide lucirse con todo y le deja rienda suelta a la interpretación de un gran coro mixto. “Across the Mountains” y “Chant” podrían definirse como composiciones dentro de las estructuras del “himno”, estructura a la que Vangelis tampoco es ajeno. El coro tararea estas piezas, de la misma manera que lo hiciera en la famosa 1492: Conquest of Paradise. Es aquí, sin embargo, donde las reminiscencias a esta otra obra son más evidentes. Ya hacia el final de este grandioso score, aparecen “Immortality” y “Dream of Babylon”, que por su preeminencia de sonidos más sintéticos, marcan una vuelta al estilo personalísimo de su compositor. Para el final, Vangelis nos ha reservado una pequeña sorpresa. El oyente clásico supondría que para tal tipo de banda de sonido épica, se necesitaría un final igualmente épico. No obstante, en Alexander pareciera que las dos últimas piezas estuvieran invertidas. El penúltimo track – “Eternal Alexander” – es el que posee uno de los momentos para coro y orquesta más grandiosos, pero el último track – “Tender Memories” es el verdadero final del disco, donde Vangelis dota a su intenso quehacer musical de una suave y armoniosa conclusión. En lugar de fanfarrias o marchas con pomposos finales, tenemos un tierno y emotivo desenlace, cuya simple melodía se pierde en la eternidad. Alexander es, sin duda, uno de los scores más impresionantes de este año y tal como la gran historia a la que acompaña, hace merced de sus grandes cualidades. Una verdadera obra de arte, que gustará tanto a los admiradores de bandas de sonido épicas, como a los seguidores de la vasta carrera de Vangelis. |
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