Bicentennial Man - Por José Manuel Contreras

  

Música compuesta  y dirigida por:
James Horner

Sony Classical SK 89038 

Duración: 76'19"

Edición: 2004

Calificación: C C C C


   A lo largo de su carrera, James Horner ha creado excelentes bandas sonoras, tales como la medieval En el Nombre de la Rosa y la triste Braveheart. Y aunque uno de sus trabajos con menos técnica e inspiración le haya hecho ganar su único Oscar, es un hecho que - en la opinión de quien escribe estas líneas - el día en que el Maestro Williams deje de componer, Horner ocupará su puesto, así como Danny Elfman usará el sillón de Herrmann, y Zimmer el de Vangelis.

Bicentennial Man es, sin duda, una de las obras maestras de James Horner. Más allá de ser el acompañamiento perfecto para la mejor cinta del director Chris Columbus, la música contiene una gran belleza. Apela a nuestros sentimientos más humanos, elevándonos sin dificultad a un estado de emociones realmente sublime.

Usando cuatro temas principales, que indican los estados de ánimo del androide Andrew, sus actividades, y el cumplimiento de sus sueños, Horner desarrolla notas perfectamente digeribles en CD, algo poco común en bandas de sonido de frescos futuristas. Mas, el tono del film - intimo, tierno y familiar - hacen de esta obra una partitura que escapa de los estamentos del común soundtrack de ciencia-ficción.

La mayoría de los cortes se estructuran de una forma parecida. Comienzan con pocos instrumentos (generalmente una flauta acompañada por cuerdas graves), hasta llegar a un clímax hermosísimo, a  cargo de las cuerdas. Un ejemplo de ello es el cuarto track, tiernamente titulado “A Gift for Little Miss”, donde de un viento parcialmente solitario, nacen unas emocionantes cuerdas.

Junto con el piano, las cuerdas son las principales protagonistas de esta obra, aportando los grados de melancolía, tristeza y emoción, que sólo ellas saben dar. El mencionado piano, hace su mejor actuación en el primer corte, interpretando un amplio tema, que se acerca mucho al estilo de A Beautiful Mind: cambios de ritmo, pulsaciones y allegros muy propios de Horner, que lo "delatan" de inmediato.

Su estilo particular es inconfundible. Llena de riqueza a cintas tan superficiales como The Mask of Zorro y The Perfect Storm.

Sin embargo, el tope de hermosura de la obra Bicentennial Man, es el noveno track “The Search For Anothers”. El estilo particular del autor crea un tema de ricas notas, alegres y esperanzadoras, que evocan mucho a Braveheart. Culmina a este tema el piano, y unas notas verdaderamente mágicas.

Llama mucho la atención el uso de cuerdas algo humorísticas en el mencionado corte cuatro (y en otros, como el quinto), que recuerdan a Williams y sus trabajos infantiles. Horner nunca las trabajó en demasía, ni siquiera en The Grinch, por lo que es curioso encontrarse con esas notas, tanto dentro de la obra misma, como en la filmografía del compositor. El tema doce “A New Nervous Sistem”, también las contiene, esta vez acompañando exquisitamente a uno de los temas principales.

Siendo ésta una cinta de ciencia ficción, la banda de sonido debería tener algunos temas que reflejaran la tecnología y los avances que la humanidad tendría que vivir para esos entonces.

Así, los cortes tres y once, llamados “The Magic Spirit” y “Transformation”, respectivamente, poseen unas arpas, metalófonos y vientos adecuados para retratar las acciones futuristas narradas por las escenas. La leve pero acertada inclusión de un coro masculino en “Transformation”, es realmente un detalle magnífico y a la medida para amalgamarse con el momento en que nuestro androide se convierte - por lo menos en apariencia - en un ser humano.

Y por supuesto, otro aspecto importante a analizar, son los temas finales, donde la tristeza, la frustración (en “Petition Denied”) y la muerte, cierran con broche de oro este genial CD, que define a James Horner como un compositor emocional y rico en términos orquestales.

“Growing Old”, es un regalo que las cuerdas hacen al oído, relajando los sentidos de una forma casi sedante. Por último, “The Gift of Mortality” introduce con piano el final de la historia. Termina con un final triste-melancólico-reflexivo. ¿Está el humano preparado para crear seres? ¿Podrá controlarlos como cree?

El tema diecisiete es una canción con música de el propio Horner (costumbre de él), y con la voz de quien en ese entonces era su habitual colaboradora, Celine Dion.  Ese punto, es el único que empaña la obra, que hasta el momento llevaba un estilo armonioso y acabado perfecto. Las mismas notas que interpretara el piano al comenzar “The Gift of Mortality”, abren este track, pero pisoteadas y magulladas, matando la magia que significaba escucharlas en orquesta.

Para finalizar podemos señalar que éste es un trabajo digno de otras  geniales obras de tono parecido, como Artificial Intelligence (de John Williams), o - por el tópico dramático - Braveheart, sin ir más lejos. Es éste un compositor que avanza en técnica a pasos agigantados, sin dejar de lado su estilo, construyendo de una manera firme una trayectoria que hasta el momento ha sido brillante. James Horner está consciente de su capacidad de hacer música al servicio de la imagen.

Como siempre, "a uno le agrada estar a su servicio”.

 

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