Bless the child - Por Fernando Pereyra

 

Música compuesta por: Christopher Young

Interpretada por:
The London Metropolitan Orchestra

Dirección:
Allan Wilson

GNP-Crescendo
GNPD 8066

Duración: 53'30"

Edición 2000

Calificación: C C C C



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* El anticristo vuelve a caminar sobre la tierra. Las oscuras fuerzas del mal tienden otra vez sus garras hacia el mundo de los mortales, y si se trata de conjurar su esencia infernal entre las cinco líneas de un pentagrama... ¿quién mejor que Christopher Young? Bless the Child nos presenta al compositor de Vagrant, Hellraiser y la más reciente Hurricane en una nueva visita a los inquietantes territorios del horror, un género donde cosechara algunos de sus mejores logros. A medio camino entre su estilo experimental de antaño y la línea comercial desarrollada en sus últimos trabajos para el mainstream hollywoodense, Young aprovecha esta banda sonora escrita para orquesta, coro mixto y algunos toques de sintetizador para demostrar que todavía puede asombrarnos.

La primera sorpresa viene dada por la estructura del disco. Young no presenta Bless the child en el formato habitual de un soundtrack (dividido en numerosos temas), sino más bien como una especie de Misa Negra con cinco movimientos extensos: "Introitus", "Kyrie eleison", "Dies irae", "Agnus dei" y "Lux aeterna". Una idea realmente atractiva, considerando lo inútil de las pistas de pocos segundos que proliferan en varias BSO de la actualidad. Sin embargo, como el criterio se basa en una reconstrucción de la música a partir del montaje y no de una re-escritura, en ocasiones se nota que hay varios cortes integrados a un mismo track, lo cual resiente un poco el efecto.

A tono con el argumento, Bless de child es ciertamente siniestra en su mayor parte, dominada por largas notas pedal en el registro grave. A lo largo de sus casi 54 minutos pueden rastrearse reminiscencias que van desde The Omen hasta End of days, y aunque carece de las diabólicas partes corales de una o los pulsantes y electrónicos momentos de acción de la otra, ostenta pasajes bastante estremecedores y dignos de genuino interés. Como la inquietante melodía interpretada por el barítono Anthony Scales hacia el final del "Introitus" o los brillantes tutti orquestales del "Kyrie Eleison".

Una mención aparte merecen el frenético "Dies Irae" (donde Young se reserva un mayor espacio para el virtuosismo en la escritura, alternando sus complejas texturas instrumentales de antaño con veloces y percusivos ostinatos) y el maravilloso andante final del "Lux Aeterna" (una de las mejores piezas escritas por este compositor, para coro y orquesta, que recuerda ligeramente al trabajo rechazado de Ennio Morricone para Más allá de los sueños).

Bless the child es, finalmente, un logrado ejemplo de banda sonora que anhela, y consigue, ser algo más que un mero souvenir. La música logra aquí desprenderse de su impronta puramente referencial, llamando la atención del oyente sobre si misma más que sobre los vericuetos de la historia. Bienvenido sea.

 

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