Gladiador - Por Fernando Pereyra

 

Música compuesta por: Hans Zimmer y Lisa Gerrard

Dirección: ******** Gavin Greenaway

Intérpretes: The Lynohurst Orchestra

Decca 289 467 094-2

Duración: 72'30"

Edición 2000

Calificación: C C

 

** La partitura de Gladiador no tiene mucho que ver con el tipo de música habitual en una película ambientada en la antigua Roma, y esta fue una de las críticas más fuertes que recibió el trabajo de Hans Zimmer-Lisa Gerrard. Seguramente gran parte de los aficionados a las bandas sonoras esperaba encontrarse con aquellas célebres fanfarrias que Miklós Rózsa convirtió en sinónimo del imperio con filmes como Quo Vadis, Julio Cesar o Ben Hur. En cambio, la dupla de compositores optó por una alternativa emparentada con la música étnica de Peter Gabriel para La última tentación de Cristo, mezclada con melodías celtas y algunas referencias al trabajo de Basil Poledouris para Conan el bárbaro, todo esto y mucho más en combinación con el estilo que el propio Zimmer desarrollara en películas de acción como Marea Roja, La Roca o El pacificador. Y más allá de que la variante haya funcionado o no en la película, lo cierto es que en su edición discográfica no resulta particularmente interesante.

En primer lugar, se trata de un trabajo que se apoya más en los instrumentos acústicos que en los sintetizadores y los samplers, dos herramientas favoritas del compositor que aquí se mantienen en un plano bastante discreto, por lo general como refuerzo del registro grave. Lamentablemente, su manejo de la orquestación es rudimentario y la mayor parte de los pasajes están resueltos a partir de la figura de un solista (a veces guitarra, otras trompeta y diversos instrumentos no convencionales) contra un fondo que apenas cumple la función de soporte armónico. Es por este motivo que, cuando Zimmer se ve obligado a recurrir a otro tipo de texturas, cae inevitablemente en el plagio

Los fragmentos que acompañan las escenas de combate están basados en Marte, el planeta más famoso de Holst, y son trabajados de manera efectista y sin originalidad. Para peor, en algunos compases los sintetizadores tratan de emular a los metales de la orquesta, generando un resultado ridículo y desagradable al oído. Y las partes corales, como en todas las partituras de Hans Zimmer, se basan en el Réquiem de Mozart.

De todas formas, se trata de un disco que se deja escuchar y que está bien estructurado, donde los temas (para variar) de enlazan unos con otros. Pensar al soundtrack como un producto en sí mismo, más allá de su función de "muestrario de música usada en una película" es una de las virtudes de Zimmer y no sería justo pasarlo por alto. En definitiva, el trabajo puede gustarnos o no, pero no cabe duda de que está ideado para que lo escuchemos. Algo que a veces se extraña en las bandas de sonido de hoy.

 

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