Hannibal - Por Fernando Pereyra

 

 

Música compuesta por: Hans Zimmer

Música adicional:
K.Badelt, P.Cassidy, M.Tillman, M.Wesson

Interpretada por:
The Lyndhurst Orch.

Dirección:
Gavin Greenaway

Decca Records
289 467 696-2


Duración: 54'15"

Edición 2001

Calificación: C C C ˝

 

* Si hay un rasgo característico que define a la década del 90 en materia de bandas sonoras, no es precisamente la paulatina desintegración del "apoche" sinfónico impuesto por Williams hacia fines de los setenta en beneficio de otro dominado por los samlpers y sintetizadores. Al contrario: ya pasaron más de veinte años desde el estreno de Star Wars, y la música orquestal ha evolucionado pero todavía goza de buena salud. En todo caso, la diferencia crucial entre ayer y hoy tiene que ver con otro proceso desintegrador, que no surge de la música en sí pero repercute sobre ella en tanto forma parte de un mecanismo complejo como el cine, y que consiste en la pérdida de la creatividad individual en favor de una eficacia asociada cada vez más a las fórmulas y recursos estandar.

En este contexto, si bien no podemos asegurar que Hans Zimmer haya sido el primer compositor en percibir el cambio, sin duda alguna fue el primero en adaptarse inteligentemente a las nuevas reglas de juego, con una celeridad y visión que lo han llevado al lugar de privilegio que ocupa hoy en el mundillo de la música cinematográfica. En una era donde el sistema de producción industrial finalmente devoró a Hollywood, Zimmer y su Media Ventures representan el próximo paso en la escala evolutiva del compositor de cine, adoptando y redefiniendo no ya el estilo musical de la época dorada del cine americano (como en cierta medida hiciera Williams), sino sus esquemas de trabajo y producción colectiva.

La banda sonora de Hannibal es un fiel exponente de esta nueva tendencia: Zimmer figura en los créditos como "compositor", pero lo cierto es que su labor excede la acepción tradicional del término, y acaso deberíamos hablar de un "director musical". Efectivamente, Zimmer no sólo escribe parte de la música para el film sino que coordina y supervisa el trabajo de sus colaboradores. En Hannibal, ciertos pasajes específicos fueron compuestos por Klaus Badelt, Patrick Cassidy, Martin Tillman y Mel Wesson (este último responsable también del "ambient music design"), y los créditos del disco mencionan también a un trío de arregladores como Jim Dooley Steve Jablonsky y Geoff Zanelli. Un verdadero trabajo de equipo, en definitiva. De cualquier forma, lo cierto es que Hannibal es una buena banda sonora porque al fin y al cabo Zimmer logra con la música lo que todo buen director de cine cuando trabaja en un filme: encauzar una suma de aportes individuales hacia la realización de una visión personal.

A tono con el carácter del personaje protagonista, Hannibal es un disco lúgubre y elegante, que oscila entre pasajes de un marcado sesgo ultra-romántico, una tensa serenidad, una caótica agitación atonal y la ambigüedad expresiva del tema principal, lograda mediante el uso de esas estructuras armónicas que son tan habituales en el trabajo de James Newton Howard, que por cierto aparece citado en los agradecimientos. También se destaca el refinamiento de las partes electrónicas del score, superiores a cuanto Zimmer había producido hasta el momento y que combinan maravillosamente con la paleta instrumental elegida, donde las cuerdas, el piano, el glokenspiel y un coro de niños cumplen un rol preponderante.

La partitura abunda en buenos momentos, pero como suele suceder hay ciertos tracks que sobresalen con respecto al resto. Uno de ellos es "Gourmet Valse Tartare", donde Klaus Badelt pervierte deliberadamente una pieza al estilo de Johann Straus hijo (el comienzo de la misma remite sin disimulo al Danubio azul), en un tour de force orquestal que conduce a una danza siniestra. En "Firenze de Notte", Tillman y Wesson aportan una página dominada por un ritmo pulsante y sonidos ambientales, en su mayor parte ruidos, que hacia la mitad cede protagonismo a la melancólica intervención de las cuerdas.

Por su parte, Zimmer se luce en "Avarice", donde ofrece una variación más rápida de su tema principal; en "Let my home my gallows", un corte ciertamente interesante que va cambiando de humor a lo largo de sus nueve minutos, alternando entre momentos de corte religioso y una furia avasalladora; y en "To every captive soul", una notable y conmovedora recreación del espíritu musical de fines del siglo XIX (ˇMahler es otro de los compositores que figuran en la lista de agradecimientos!). Como es habitual en las BSO del jefe de los Media Ventures, los temas se enlazan unos con otros aportando una buena dosis de fluidez a la escucha y contribuyendo a que elementos muy dispares se integren armoniosamente. El único punto verdaderamente flojo del disco viene dado por la inclusión de algunos parlamentos a cargo de Anthony Hopskins. Se trata de un recurso que parece haberse puesto de moda últimamente, pero que usado a la ligera sólo sirve para entorpecer la audición de la música.

Por todo lo expuesto hasta aquí, es que podemos deducir Hannibal es, quizás, el primer experimento comunitario de la factoría Zimmer que realmente arriba a buen puerto. Un trabajo que no derrocha originalidad, por cierto, pero muy, muy efectivo. En que proporción esto se debe al talento del "jefe" o al de sus colaboradores, poco importa. Al fin y al cabo el resultado es lo único que cuenta, y este es un muy buen disco que cualquier aficionado a las BSO gustará incluir en su colección. El futuro está aquí y se llama Media Ventures. Are you ready?

 

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