Road to perdition - Por Fernando Pereyra.

 

Música compuesta y dirigida por:
Thomas Newman

Decca Records 017167

Duración: 70'25"

Edición 2002

Calificación: C C C C

 

* Hasta hace muy poco tiempo se podía pensar que Thomas Newman ya había agotado su cuarto de hora. Al fin de cuentas, después de Belleza Americana su trabajo se redujo a una efectiva pero poco inspirada repetición de sus propias fórmulas, y su nombre dejó de figurar entre los nominados al Oscar. Sin embargo, con The Road to perdition el compositor demuestra que todavía tiene cosas para decir, y es seguro que esta partitura lo regresará al centro de atención.

Nuevamente bajo las órdenes del director Sam Mendez, Newman escribió una de sus más logradas bandas sonoras. Se trata de una composición de variados colores y estados de ánimo, por momentos oscura, por momentos brillante; por momentos nostálgica, íntima, romántica... un verdadero festival para el aficionado que disfruta con la música que transmite sensaciones y emociones. La partitura presenta muchas de las claves de su estilo, empezando por esa maravillosa heterogeneidad que combina extravagantes formaciones intrumentales con pasajes de piano solo y música electroacústica.

Como de costumbre, un destacado grupo de solistas contribuye con la voz de su instrumento (ulleam pipes, oboe d´amore, irish bouzouki, mandolina, stroviol y otras excentricidades, sin mencionar el exótico set de percusión) para  obtener ese sonido tan característico del compositor, aunque acompañados en esta ocasión por una orquesta sinfónica. Hábilmente, Newman organiza su paleta tímbrica en diferentes mezclas, obteniendo entonces ese resultado realmente diverso y que identifica también a composiciones previas como The lord of the whisperers, aunque en este caso con resultados mucho mejores.

El disco abre con "Rock Island, 1931", en el que sobre un misterioso colchón de cuerdas y pequeños efectos electronicos ataca una nerviosa y rítmica frase melódica para gaita, acompañada por flauta, guitarra, piano y violines. Newman consigue un muy buen tratamiento instrumental de esta pieza de color folklórico, toda una carta de presentación para la banda sonora.  

En “Murder (In Four Parts)” el compositor apuesta fuerte: un extenso track de tipo incidental, muy ambient, dominado por refinados toques de orquestación en conjunción con música electrónica y sampleos de los instrumentos acústicos alterados digitalmente. Sobre un extenso y oscuro pedal, diversos objetos sonoros aparecen y desaparecen, alternándose con intervenciones más melódicas a cargo de las cuerdas.

Road To Chicago” es uno de los highlights del disco. Melódico y sentimental, con una bella introducción a cargo del piano, una ligera base rítmica y una expresiva línea para los violines. Hacia el final, la música se desvanece.

Otro de los grandes momentos del CD llega con “Dirty Money”, una página de carácter alegre y muy rítmica, donde las fuerzas combinadas de la orquesta tienen finalmente la oportunidad de explayarse. Newman escribe aquí para la sección de los bronces, que hasta entonces había tenido una discreta participación.

En “Ghost”, Newman desgrana una de sus típicas, evocativas e intimistas melodías para piano, acompañada por un fondo sonoro compuesto por intrumentos acústicos y electrónicos que ejecutan largas notas, como una prolongación, como un eco del piano. Suaves glissando en el registro agudo contribuyen también a generar el clima de ensueño tan característico de la producción de este compositor.   

La partitura reserva también algunos momentos para la acción, con enérgicos pasajes para las cuerdas en pizzicato apoyadas por los bronces y percusión, y con un sustrato armónico inesperado por lo disonante. En este sentido se destacan “Meet Maguire”, “Nothing to trade” y “Shoot the dead”. 

La mayor parte de los otros cortes (a diferencia de los anteriores, casi todos de muy breve duración) se inscriben en alguna de las líneas mencionadas, lo cual hace pensar que el disco podrían haber sido mejor organizado de acuerdo a estas características. El orden en que se ofrece el material, presumiblemente siguiendo la cronología del film, resta un poco de efecto al conjunto ya que el contraste que se produce entre pista y pista genera, en la gran forma, cierta homogeneidad perceptiva.  

Acompañan al score de Road to Perdition  tres temas musicales de la época: “Someday Sweetheart”, a cargo de The Charleston Chasers; “Queer Notions”, por Fletcher Henderson & His Orchestra; y “There'll Be Some Changes Made” en version de Chicago Rhythm Kings. También una breve pieza para piano solo interpretada por Tom Hanks y Paul Newman a duo (interpretada bastante mal, por cierto), cuya razón de ser en la película pierde todo sentido aquí.  

Finalmente, y en lo que respecta al trabajo de Thomas Newman, resulta muy grato comprobar que no sólo su cuarto de hora no se agotó, sino que se trata de un compositor de talento cuya música está destinada a perdurar. Hasta hace muy poco, estuvo realmente cerca de alcanzar el Oscar. Quizá lo consiga este año, y en ese caso habrá sido un premio merecido. Como podrá comprobarlo el aficionado al escuchar esta interesante banda sonora, que recomendamos sin reservas.  

 

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