Siete años en el Tibet - Por Fernando Pereyra

 

Música compuesta y dirigida por: ****** John Williams

Solos de violoncello: * Yo-Yo Ma

Sony Classical ****** SK 60271

Duración: 65'46"

Edición 1998

Calificación: C C C

 

* Apelando a una fórmula que ya probara con éxito en La lista de Schindler (Oscar a la mejor partitura original en 1993), que consiste en sumarle a una música de carácter muy sentimental los aportes interpretativos de una destacada figura del actual panorama de la música clásica (en aquel caso el violinista Itzhak Perlman, ahora el violoncellista Yo-Yo Ma), Williams logra aquí un disco interesante pero que carece del encanto de su premiada predecesora.

En efecto, el trabajo es un tanto irregular. En parte debido a que los materiales son simples y se los reitera en exceso. Pero también porque las intervenciones el solista (impecables técnicamente) no están siempre bien aprovechadas desde lo compositivo, limitándose en ocasiones a frases muy breves dentro de un track de varios minutos. De más está decir que ambos problemas se hubieran solucionado con un disco más corto y mejor organizado.

Temas de claro corte incidental como Aproaching the Summit o Heinrich´s odyssey podrían haberse omitido sin perjuicio alguno, y lo mismo puede decirse de aquellos que se limitan a reexponer material sin mayores cambios, como Leaving Ingrid o Reflections. Por otro lado, el intento de agregarle un toque exótico a la resultante general incluyendo fragmentos de Mahakala y Yamantaka, escritos e interpretados por The Gyuto Monks no logra su objetivo sino a medias, malgastando un recurso del que Phillip Glass supo valerse con maestría en Kundun.

El pasaje de la banda sonora que más sobresale es sin duda el apasionado y majestuoso tema principal, que junto al tenso y disonante Premonitions no sólo permite el lucimiento de Yo-Yo Ma sino que además tiene una sólida entidad propia, justificando así la compra del disco. Por su parte, Peter´s rescue y Harrer´s journey sacuden al oyente con un agitado y eficaz tratamiento a base de potencia orquestal, y tanto Palace invitation como Regaining Son aportan una bienvenida cuota de interés al introducir nuevos motivos melódicos, aunque luego estos no sean desarrollados.

De adquisición obligada sólo para los fanáticos de Williams (o bien para los seguidores del afamado cellista), no se trata de lo más descollante en el repertorio de este compositor, aunque sí de una partitura que aventaja cómodamente a muchas de las ganadoras del Oscar en los últimos tiempos, como Titanic o El paciente inglés. Para quienes desconozcan la obra de Williams y deseen acercarse a ella, se recomienda en cambio probar suerte con obras más importantes.

 

 

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