Indiana
Jones and the Kingdom of the Crystal Skull
por Fernando
Pereyra
Finalmente, casi 20
años después de The Last Crusade, el aventurero más famoso
de la cinematografía mundial está de vuelta entre nosotros. Y si el
regreso del intrépido arqueólogo encarnado por Harrison Ford generó una
enorme expectativa entre los fans de la trilogía… qué decir de la
ansiedad con que el aficionado a las bandas sonoras esperaba esta nueva
composición de John Williams.
En numerosas
entrevistas, Spielberg expresó su deseo de recuperar el espíritu de los
viejos films de la saga. ¿Sería finalmente Indiana Jones and the
Kingdom of the Crystal Skull la oportunidad para que el Williams
de los años '80, aquel de los grandes temas y las secuencias de acción
con fuerte identidad melódica, resurgiera de las cenizas?
Conviene empezar diciendo que musicalmente, en estilo y técnica,
The Kingdom of the Crystal Skull, está mucho más cerca de las
viejas Indiana Jones de lo que los Episodios I, II y
III lo estuvieron de la primera saga de Star Wars.
Quizás porque el universo musical de Indiana Jones,
inevitablemente ligado a la geografía, las historias y los personajes
particulares de cada film, fue siempre más heterogéneo que el de
Star Wars.
En el aspecto melódico, y además de recurrir a temas ya conocidos por el
aficionado como “The Raiders March”, “Marion Theme” y el tema que
identificaba al arca de la alianza, Williams presenta en The
Kingdom of the Crystal Skull tres nuevos materiales:
“Call of the Cristal” desarrolla el tema que identifica a la calavera,
básicamente un motivo de tres notas que se repite obsesivamente a la
manera de un ostinato, orquestado con arpa, maderas y luego
cuerdas, sobre el cual se despliega una lenta y sinuosa melodía,
interpretada al principio por un instrumento electrónico cuya fría
sonoridad recuerda un poco a una mezcla entre flauta y theremin, y que
remite a “algo” más allá de este mundo. Una segunda sección de carácter
igualmente hipnótico conduce, mediante un pausado, pero inexorable
crescendo orquestal, hacia la suntuosa y melodramática recapitulación
del tema.
“The Adventures of Mutt” es una brillante y divertida pieza de acción,
en la línea de las clásicas composiciones de Williams para la saga,
imbuida del espíritu de los viejos filmes de capa y espada y con
reminiscencias de Hook. Un motivo heroico a cargo de
cuerdas y cornos, alternado con joviales disonancias en las maderas,
veloces cascadas de notas descendentes y la tintineante sonoridad del
glockenspiel, definen el carácter valeroso y desenfadado del personaje
que interpreta Shia LaBeouf.
Con una melodía oscura y sensual, presentada por saxofón y trompetas con
sordina, “Irina’s Theme” resulta una pieza sugestiva pero al mismo
tiempo inquietante. En un recurso típico de Williams, la melodía es
expuesta por diversos instrumentos y en diferentes contextos, hasta
llegar a su apoteosis en los violines. Luego de una oscura fanfarria de
metales que evoca el aspecto marcial del personaje, la melodía regresa
fugazmente y concluye en un acorde sutilmente siniestro.
Hasta aquí, la materia prima que servirá a Williams en la composición de
su banda sonora. Pero a lo largo de los 77 minutos de música que dura
esta edición discográfica, Indiana Jones and The Kingdom of the
Crystal Skull tiene bastante más que ofrecer al aficionado a los
soundtracks, incluyendo alguna que otra sorpresa.
Entre estas últimas cabe mencionar los casi 2 minutos de aires
latinoamericanos en “The Journey to Akator”; la cita prácticamente
textual, en “Hidden Treasure and The City of Gold”, de un tema
perteneciente War of the Worlds; y el inesperado arreglo
en el “Finale” de la clásica Marcha de Indiana Jones, al responder a la
melodía de trompetas principal no con una imitación, sino con una
variación de la misma que identifica al personaje de Mutt.
Más allá de esto, la parte más excitante del disco viene dada por los
numerosos tracks de acción, cuyo número excede por mucho el
promedio de la saga. Algunos de ellos están muy cercanos al estilo de
los años '80, y otros decididamente en la línea actual del compositor,
donde la melodía queda relegada por un mayor protagonismo de ritmo y
texturas.
El risueño “The Snake Pit” y el más amenazante “A Whirl through Academe”
podrían definirse como una mezcla entre “Tha Basket Chase” e “Indy’s
Very First Adventure”, aunque el segundo no elude referencias al estilo
hiper-quinético más propio del Williams actual, con sus acentos de
flauta y xilofón, e intercala una divertida cita de la obertura
“Festival Académico” de Johannes Brahms.
En “The Jungle Chase”, el hilo conductor viene dado por la colisión
entre el Tema de Irina, convenientemente adaptado al contexto arrollador
y militar de la pieza, y el de Mutt, que se apropia del heroísmo de
Indiana Jones a través de esa fanfarria ligeramente alterada que, como
ya se dijo, reaparecerá en los créditos finales.
Percusión, arpas, piano preparado, pizzicatos y diversos efectos en los
instrumentos de viento confluyen para dar vida a uno de los mejores
momentos del disco, el selvático “Grave Robbers”, que hacia el final
remite al precipitado estilo utilizado por Williams en The Lost
World. De similar impacto resulta el vertiginosos y disonante
"Ants!", con sus loops, sus acentos marcados por los bronces y una
bulliciosa rítmica irregular.
Dividido en dos partes, la primera de ellas construida sobre el tema de
la calavera y la segunda otra rauda pieza de acción, “Temple Ruins and
the Secret Revealed” progresa dramáticamente hacia un impactante final a
toda orquesta. Una enérgica base rítmica a cargo de cuerdas y trombones,
clusters, glissandos, notas velozmente repetidas en las trompetas, coros
y acordes disonantes en los cornos hacen de esta pieza una de las
mejores del disco.
Como es habitual en las viejas partituras de la saga, Indiana
Jones and The Kingdom of the Crystal Skull concluye también con
un “Finale” que se articula a partir de la Marcha de Indiana Jones y la
recapitulación de algunos de los temas nuevos, siendo en este caso lo
más destacado una variación ligera del Tema de Irina, casi a tono de
comedia, que no aparece en ningún otro momento del disco.
Pese al innegable atractivo e incuestionable factura de esta nueva banda
sonora, cabe señalar que quizás sólo “Temple Ruins and the Secret
Revealed” está, en fuerza y originalidad, a la altura de los mejores
temas creados por Williams para la trilogía.
Difícil tarea la de ponerse en el lugar de aquellos a quienes el nuevo
Williams, el actual, el de bandas sonoras como Revenge of the
Sith, War of the Worlds, Minority Report e incluso The
Lost World les resulta una sombra del Williams de ayer. ¿Pueden
esos aficionados comprar este disco con la esperanza de ver satisfechas
sus expectativas?
Probablemente no. Y así lo han expresado ya muchos de ellos en diversos
foros y listas de correo dedicados a la música de cine. En cualquier
caso, corresponde poner las cosas en su justa perspectiva: John Williams
sigue siendo, hoy por hoy, el compositor de bandas sonoras que mejor
partido le saca a la orquesta sinfónica, el que más aprovecha ese rico
universo de timbres, colores, texturas y efectos dramáticos que pueden
lograrse con un organismo de 100 músicos.
Es entonces al oyente
capaz de extasiarse con una escritura compleja, sutil y refinada en los
detalles, a quien recomendamos este disco.