Música compuesta por
JOHN WILLIAMS

Decca / Universal
B0006093-02

18 Tracks - 53:02 min.

Edición: 2005

Calificación: C C 1/2

  

  

  

  

  

 

( otros discos )

 



Munich
por Fernando Pereyra

2005 fue para John Williams un año bastante ocupado, en el que escribió nada menos que cuatro bandas sonoras: Revenge of the Sith, War of the Worlds, Memoirs of a Geisha y Munich. Para un compositor cuya producción se mantiene siempre en un alto estándar de calidad, este esfuerzo fue sin lugar a dudas agotador y, por lo pronto, le significó renunciar a la saga de Harry Potter. De hecho, para completar y grabar la música de Munich, Williams corrió una especie de carrera contra el tiempo, en la que hasta último momento no se sabía si las fechas de estreno del film deberían retrasarse.

Con una historia basada en el atentado contra los atletas israelíes durante los juegos olímpicos de 1972, y las represalias que el Estado Israelí toma contra los terroristas que planearon la masacre, el film constituye una nueva apuesta de Spielberg en el terreno del drama. Esta vez, con un fuerte compromiso político y social y una crítica a un sistema perverso que, lejos de buscar la paz en medio oriente, contribuye más bien a prolongar la escalada de violencia.

Un film de estas características, alejado del sentimentalismo fácil y bastante desesperanzador, necesita entonces de una música seria y austera que no manipule emocionalmente al espectador, sino que contribuya más bien a brindar un espacio para la reflexión. Una tarea nada sencilla, pero que Williams ha sabido cumplir con creces y, si desde la óptica de la conjunción con las imágenes se la juzga, ha sido muy merecedora de la nominación al Oscar que obtuvo. La edición discográfica de la partitura, en cambio, no resulta tan afortunada.

El álbum está organizado en dieciocho tracks que alternan momentos de naturaleza melódica con otros de tipo ambiental, estos últimos muy apoyados en el uso de loops y ostinatos electrónicos. Como cabría esperar, la música es oscura y desoladora, y la tristeza que parece trasmitir en realidad no es tal: se trata más bien de un profundo sentimiento de impotencia y cansancio moral.

Una larga melodía interpretada por la vocalista Lisbeth Scott (a quien los aficionados recordarán quizás por su participación en numerosas bandas sonoras, incluyendo The Chronicles of Narnia, The Passion of the Christ, Sinbad, o Shrek), sostenida por un tenso acompañamiento de cuerdas, constituye una de las piedras angulares de este score, en lo que a material temático se refiere. Su primera aparición se lleva a cabo fugazmente en el track 1, “Munich, 1972”, antes de dar paso a una ominosa combinación de loops electrónicos y dramáticas figuraciones del piano en el registro grave. Más desarrollada podemos escucharla en “Remembering Munich” y las versiones instrumentales “Avner and Daphne” y “Thoughts of Home”.

En “A Prayer of Peace” se introduce el segundo eje melódico de la obra. Se trata de un bello y melancólico adagio para cuerdas de unos 4 minutos, con el denso tratamiento armónico característico de John Williams en esta clase de piezas (sirvan a modo de ejemplo similares páginas escritas para Born on Four of July o JFK). Al igual que con “Remembering Munich”, la escucha del disco nos depara varias adaptaciones de este tema para diversas agrupaciones instrumentales, desde la guitarra sola en “Avner’s Theme” hasta su rendición final en el “End Credits”, con el agregado del piano.

“The Attack at Olympic Village”, “Letter Bombs”, “Bearing The Burden”, y “The Tarmac at Munich” son en cambio una muestra de la cara más opresiva del CD, donde se combinan notas tenidas en las cuerdas (especialmente en el registro grave, el de los contrabajos y los cellos), densos colchones de acordes estáticos, amenazantes intervenciones del piano, tensos ostinatos, oscuros loops electrónicos, frías líneas melódicas y varios efectos de carácter siniestro, algunos de ellos producidos con los instrumentos de la orquesta y otros con el sintetizador.

Y si bien muchas de estas piezas son efectivas y se valen de múltiples recursos interesantes, en el devenir de la escucha y por contraste con las otras pistas del disco (radicalmente opuestas en su rango expresivo), tienden a una fuerte homogeneidad. Al final, la percepción del oyente se vuelve sorda a los detalles y termina delineando apenas dos campos: un par de melodías en diferentes contextos instrumentales y música ambiental. No es, en definitiva, un disco que pueda escucharse fácilmente sin parar de principio a fin.

Entre la vasta producción de John Williams para el cine, Munich bien pude situarse entre títulos como Nixon, Sleepers o Rosewood. Trabajos en los que el aficionado encontrará grandes momentos, pero difícilmente incluya en la lista de sus bandas sonoras preferidas. 

 

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