En las sesiones de grabación de "Que Parezca Un Accidente"
por Fernando Pereyra
fotos por Luis Miguel Rojas
(click en las fotos para agrandar)

 

“La Argentina no tiene nada que ver con una orquesta sinfónica”, dijo cierta vez  el compositor Martín Bauer, hablando de su banda sonora para el film Río Escondido. Y cuándo hace ya tiempo que se pensaba que sí, que la tradición sinfónica en el cine local estaba definitivamente muerta, llega esta coproducción española-argentina que inaugura una nueva etapa en el país.

La película se titula Que parezca un accidente, y es una comedia negra dirigida por Gerardo Guerrero y protagonizada por Carmen Maura y Federico Lupi. Pero lo que realmente explica lo arriesgado de la apuesta es la presencia de dos argentinos al frente de la banda de sonido: Darío Eskenazi y Lucio Godoy.

Darío Eskenazi es pianista y compositor y ha escrito la música del filme. Vive desde hace más de 20 años en los Estados Unidos, donde ha desarrollado una importante carrera en el mundo del latin-jazz y ha sido sesionista en grabaciones discográficas y bandas sonoras. Lucio Godoy es flautista, compositor y productor musical, vive en Madrid desde 1992 y su nombre aparece ligado a películas como El Aura, La Educación de las hadas, Los Otros, Todo sobre mi madre y La Lengua de las mariposas, entre muchas otras.

De Godoy fue la idea de grabar la banda sonora en Buenos Aires, cuando lo usual en España es grabar en Europa del este. En efecto, buena parte de las partituras orquestales del cine español son interpretadas por la Orquesta de Bratislava o la Orquesta filarmónica de la ciudad de Praga, dos organismos que cuentan con una vasta experiencia en el campo de la música de cine. Sin embargo, Godoy estaba seguro: este era el momento de empezar a desarrollar un modelo de producción en Argentina, que fuera competitivo en calidad y precio con el de estos grandes centros internacionales.

Pero la apuesta no era sencilla, porque más allá del talento incuestionable de los músicos y técnicos locales, lo cierto es que no existe en el país gran experiencia en la materia, y no es lo mismo grabar para un concierto o un disco que para una película. En primer término, prácticamente no hay en Buenos Aires estudios que puedan albergar cómodamente a una orquesta. Y los músicos están poco familiarizados con las exigencias que implica grabar una banda de sonido, como tocar con auriculares o respetar rigurosamente los tempos que les marca no ya el director, sino un “clic” disparado desde una computadora.

A través de Haddock Films, la productora local, Lucio Godoy se contacto con Santiago Chotsourian, director de Amadeus 103.7, la emisora de música clásica más importante de Argentina. Compositor y director de orquesta egresado de la UCA, Santiago Chotsourian fue también Director de Estudios del Teatro Colón de Buenos Aires, donde años atrás había dirigido a la orquesta en una proyección con música en vivo del film La Pasión de Juana de Arco. Chotsourian tomó a su cargo la responsabilidad de dirigir la orquesta en la grabación, encontrar un espacio que se adaptara a las necesidades de la misma, y conformar el equipo de gente que intervendría en el proyecto.

La “conexión argentina” quedó completa con la incorporación de Ekuard, ingeniero de grabación y sonidista del concierto que Lalo Schifrin brindó en el Luna Park en Setiembre de 2006; Eduardo Ihidoype, representante de la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires; y quien firma estas líneas, que asumió la tarea de coordinador general. De esta manera, Cinematracks tuvo el privilegio de ser no solamente testigo, sino también activo participante de esta experiencia tan extraordinaria como, así lo esperamos, fundacional. Por su acústica de excelencia, el Templo de la Comunidad Amijai fue el lugar elegido para llevar a cabo las sesiones de grabación.

         

La música de Darío Eskenazi sorprende por su calidad, ya que no tiene nada que envidarle a las producciones hollywoodenses del género. Escrita para un ensamble de 50 músicos y con varias pistas de audio adicionales (percusión, arpa, piano, bajo, y efectos sonoros), se trata de una partitura que refleja brillantemente los diferentes momentos narrativos del film: desde el típico mickeymousing de las comedias hasta las más trepidantes secuencias de acción, pasando por momentos de una belleza tan oscura como lírica y otros de carácter risueño y despreocupado.

Curiosamente, el background jazzístico del compositor muy pocas veces se pone en evidencia de manera explícita; más desnudas quedan, en cambio, las influencias de compositores como Alan Silvestri o Howard Shore. La disparidad estilística de la banda sonora se amalgama a la manera tradicional, con un puñado de motivos que funcionan a modo de hilo conductor.

Sorprende también enterarse de que éste es el primer trabajo sinfónico del compositor. La textura es trasparente y muy efectiva, y las orquestaciones están tratadas con variedad y riqueza de timbres en las melodías y acompañamientos. Eskenazi afirma que quería ir un poco más allá, no limitar la música a lo estrictamente necesario para cumplir con el film, y cabe afirmar que el objetivo fue cumplido con creces.

Por su parte, la orquesta interpretó la música con calidad y profesionalismo, aún cuando tuvo que someterse a la tiranía del clic. El sincronismo con la imagen es riguroso en esta clase de filmes y muchas veces la versión más “musical”, la que mejor provecho saca de la partitura, no resulta la más apropiada para la banda sonora. Santiago Chotsourian condujo a los músicos con aplomo y seguridad, y resultó también un buen nexo entre la orquesta y el compositor. Darío Eskenazi permaneció todo el tiempo en la sala, siguiendo atentamente su música y siempre listo para aclarar las dudas de la orquesta, corregir el carácter de la interpretación o sugerir cambios allí donde fuese necesario.

         

Desde el control room, Lucio Godoy cumplió con la terea más difícil, dadas las circunstancias: la supervisión de los aspectos técnicos de la grabación. Este era el verdadero talón de Aquiles del proyecto, en vista de la escasa o prácticamente nula experiencia de casi todos en una empresa de tal envergadura. Su veteranía, humildad y excelente predisposición resultaron determinantes para mantener la calma en los momentos más complicados. Por suerte las dificultades fueron pocas, y la experiencia resultó grata y enriquecedora para todos.

La grabación en Buenos Aires de esta banda sonora sienta un precedente, y esperamos sea el primer eslabón en una larga cadena de producciones internacionales realizadas aquí. Talento, recursos, entusiasmo y buena predisposición, no faltan. ¿Se imaginan los aficionados argentinos recibir la visita de los más ilustres compositores del mundo para grabar sus partituras en estas tierras? Parece un sueño. Pero, como ya sabemos, en las películas los sueños se hacen realidad. 

de izquierda a derecha:

Darío Eskenazi (compositor); Carlos Culotta (editor artístico Amadeus 103.7);
Santiago Chotsurián (director) y Fernando Pereyra (coordinador de grabación)